miércoles, 12 de octubre de 2016

Pensamientos de última hora. 15


Cierto día, en una conversación, se hablaba sobre el fin del mundo. Alguien sugería terminar con la humanidad, porque no era buena y no se merecía lo que tiene.

En el otro lado se hablaba de personas, no de su conjunto, y así, mientras que las personas buenas no se corrompieran por el influjo de las malas, y vivieran su vida sin dañar a nadie, e incluso ayudando, no tendría por qué desearse un final para el hombre.

Del otro lado deseaban guerras, holocaustos, finales trágicos, agresivos y con acción, para sentir las emociones igual que en los videojuegos, películas o series, donde la adrenalina sube por momentos gracias a la tensión y situaciones extremas.

Se hablaba del final de la Tierra, cuando el sol explosione como Supernova, de la tercera guerra mundial, de la cuarta, según Einstein.

Se hablaba, a la vez, de la misma forma de ver el fin del mundo, y a la vez se discrepaba en lo que se deseaba como fin del mundo o bien no se deseaba.

Cuando ves que la humanidad no va a salvarse del mal ni va a cambiar, es difícil ser positivo y creer en ella.

Cuando sabes o crees que por encima del mal está el bien, y aunque la mayoría de las veces los malos ganen o consigan su objetivo, la confianza propia de intentar hacer el bien y de saber que hay gente buena que hará lo mismo que tú te da esperanza para seguir en este mundo, hasta cuando sea.


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