Típica historia de aventuras.
Típica, sí, pero creada por mí.
(.......)
No sé explicar cómo llegamos a esa cueva.
Lo cierto es que allí estábamos. Y no sabíamos cómo hacer para salir de ella. Buscando y buscando, una posible salida.
Cogí un palo roto y astillado. Le até un trapo que rasgué para darle unas vueltas en el palo, y con un mechero lo prendí con fuego, habiendo vertido antes parte de la gasolina del mechero en el trapo del palo.
Nos abrimos camino en la oscuridad y fuimos vadeando la cueva con sus paredes mojadas, piedras en el suelo que esquivábamos para no tropezar, y huesos esparcidos, y cráneos y calaveras.
Con mucho miedo nos fuimos adentrando sin encontrar la salida, al revés, pareciera que nos perdíamos entre varios cruces que debíamos elegir para proseguir.
Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos perdidas, pues el ruido que creíamos que conducía a la salida era una trampa: una figura parecida a un oso enorme custodiaba una gruta por la que se escapaban rayos de luz tenues.
Se suponía que debíamos esquivar al gran oso para llegar afuera.
Con mucha energía, acerqué la antorcha hacia ese gigante animal y con sorpresa nos dimos cuenta de que se asustaba con el fuego.
En un descuido nos escabullimos y escapamos bajo sus grandes patas. Dejamos el palo con fuego, el cual seguía despidiendo fuego gracias a la combustión y conseguimos abandonar la cueva con toda rapidez.
El gran animal se quedó paralizado por el fuego y no tuvo oportunidad de perseguirnos.
La salida de la cueva conducía a un camino solitario, camino que tomamos hacia una posible aldea o lugar habitado.
Y aquí termina esta historia típica, muy común donde las haya. La diferencia es que aunque el tema es muy común, he sido yo la que la ha creado. Y las frases y palabras y el transcurso de la historia ha sido confeccionada por mí.
Tema común, historias diferentes.
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