Cuando el alma te duele, el sufrimiento llega hasta dentro, hasta no se sabe dónde, pero muy cerca del fondo. Un fondo al que no se llega fácilmente, si no se sabe ni cómo, ni siquiera se sabe dónde está, dónde está situado, ni cómo se ha podido colar ese padecimiento que se clava llegando hasta el corazón.
El desconsuelo y la tristeza se cogen de la mano. Y la pena, en casos serios, puede llegar a atormentar nuestro interior.
Cuando duele el alma, duele el corazón. Cuando duele el corazón, parece que se rompe.
Pero en cuestión de un momento todo puede cambiar. Y lo que era padecimiento y aflicción tornan a la paz tan deseada y tan querida.
La paz, un bien tan necesario...
Paz y paz. Con ella la dicha está en ti, y la felicidad comienza ahí. Y es el momento en que el bienestar te sonríe y te saluda.
Quiero crear paz.
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